Por Wilson Prada
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| Reina Rada (fotografía de José Voglar) |
Reina esperaba plácidamente en el espacio creativo de los
Voglar-Briceño. Vestía serenidad desde
los ojos. Atuendo oscuro, ideas claras y un empuje contagioso. Siempre medida
en sus palabras como quien ha pasado un rato largo ante la fijeza escrutadora
de la mirada ajena. Natural de Naiguatá, crecida en Caraballeda y anclada en
Porlamar como artista plástico egresada de la Cristóbal Rojas, Docente
y Escritora hace más de cuatro décadas.
Con el tiempo, todos los
miembros de la familia vinieron a la isla tras la joven de casa, quien no deja de recordar olores y sonidos. De su padre, rememora el
olor a trementina y óleo en su taller de pintura, en el que la música
era una constante en su ejecución como autodidacta. De su madre, el olor del campo y la pastelería, unido al sonido del canto que
disfrutaba como yunta con su esposo.
El amor trajo a Reina Rada por obligación a la Escuela de
Arte Pedro Ángel González en La Asunción y, desde el 1990, trabaja en
el área docente.
Al rato, después del café, iniciamos con la parte más fácil
del asunto: veinte preguntas escogidas al azar desde un banco de más de
cien de ellas, determinaron el guión de la entrevista que se
extendió entre risas y anécdotas fuera de grabación.
1- ¿Cómo sugieres la
isla?
La
isla es un espacio mágico y ello se sugiere en la obra, esa que, en
parte, está para ser tocada. En mi obra la sugiero a través de las texturas,
las formas sinuosas de la montaña así como lo urbano en el paisaje. En ello hay
mucha motivación para sentirla. El paisaje marino es lo
que más se ve, pero yo trabajo la montaña y me preocupa la destrucción del
ambiente. Todo eso está plasmado en mi obra como algo sugerido.
2- ¿En algún momento te
has cansado de ver elementos y temáticas muy repetidos de algunas autores en
sus obras?
Bueno. Uno se fastidia de cosas que no tienen
contenido. Cuando yo consigo ese contenido en la obra ya no voy a
ver esos elementos, sino lo que contiene ese elemento, en conjunto con todo lo
demás y con el discurso que el artista quiera aportar.
3- ¿Existe algo que tenga
al arte margariteño anclado con respecto al arte universal?
Mira
yo difiero de ti en ese aspecto. Yo creo que aquí o en cualquier lugar del
planeta, existe quien se ancla y también existe la gente que se sale de
esos parámetros, de esa tradición. En los jóvenes, (acoto que no serán todos
porque el arte no es para todos, sino para quien tenga la dedicación, el oficio
y la necesidad de investigar) he visto que está despertando una
curiosidad por eso que tú estás planteando, de ver las temáticas
cotidianas desde otro punto de vista. Hay gente que está tratando de
sugerir y hacer arte con elementos distintos a los tradicionales. Ven el mar
desde abajo, ven el pez desde adentro. Yo creo que hay una intención de mirar y
sugerir la isla de otra manera; lo que hay es que revisar el discurso de lo que
se está haciendo en este momento desde el arte digital y
desde nuevas formas de crear.
4- Hay mucha gente que
tiene propuestas maravillosas; sin embargo, el sistema como ente de
“validación” desde la crítica y la curaduría no los deja
emerger. ¿Tú crees en la validación independientemente de
los roces con el sistema?
Estamos
cayendo en un terreno un poquito álgido. En un universo de 150 piezas que ves
en una confrontación, hay diez que se pueden extraer como las que están a la
vanguardia. Si el sistema, como tú dices, se encargara de resaltar a esos 10,
tal vez pudieran llegar a los museos o como tú planteas,
estarían en París o en Nueva York. Esa es la dinámica del
arte. El arte a nivel mundial se mueve así. Hay gente que dice que hay que
tener suerte; yo digo que hay que aprovechar las oportunidades, pero hay
un caso. (En la provincia, se ve mucho y, sea como sea, estamos en una provincia).
El caso es que se van creando vicios que van socavando la
esencia del arte. Yo trabajo en una escuela de arte creada para formar la
primera parte de quien, en un futuro, sería un artista, pero son los
mismos docentes (no todos, pero sí la mayoría) quienes, cuando ven a un alumno
destacado, lo magnifican e idealizan de una manera que lo destruye. Esa
persona, ya se cree con el derecho de llamarse artista, de promocionarse como
tal y, él mismo, se encapsula. Más bien creo que el artista como en cualquier profesión,
tiene que ser un investigador, no solamente de su trabajo plástico, sino del
arte universal.
5- Y, en Margarita,
¿quién pone freno a ese encapsulamiento?, ¿quién le dice a un artista, en
formación, que aún no llega a concatenar un discurso?
No
se lo dice nadie. El freno lo debe poner el sistema y es en los recintos
educativos donde eso se debería hacer. Aquí tenemos uno de eso
casos y es UNEARTE: un núcleo que nada tiene que ver con escuelas
como en las que yo estudié, y eso es por muchas razones que tienen que ver con
la provincia, no hay suficiente personal calificado para la formación que
permita activar el freno. Para eso se necesita un espacio, unos equipos, unos
materiales y un talento humano que es fundamental para la formación.
6- ¿No se necesitaría romper un poco el cerco ideológico en
esas instituciones?
Sí,
hay muchas cosas que arreglar y en ese sentido estamos en la prehistoria. No te
lo voy a negar, porque se ha ponderado la ideología y se ha
desvirtuado la esencia del arte.
7- ¿No crees que el
artista deba tener un compromiso social o un compromiso político con su momento
histórico?
Mira,
el arte comprometido ha existido y existirá siempre. La gente se
compromete con lo que quiere. A mi juicio, eso no tiene que ver con la calidad
de lo que haga el artista, quien debe tener criterio propio. El
estudiante debe desarrollar su propio criterio por el que hace las cosas y eso
solamente lo da la educación. Es ella la que nos libera de todo
aquello que podamos sentir que nos oprime. Lo único que nos hace
libres es la educación y la formación.
8- ¿Alguna vez en el
Museo Narváez sentiste que algo te contenía? ¿Percibiste algo que no te dejaba cumplir
tu sueño?
Hubo
intentos. Lo presupuestario lo dejaría en último lugar. Lo hice porque me gustó
el trabajo. No te voy a negar que sintiera las presiones y, en algún momento,
un rechazo hacia mi persona de parte de quienes me pusieron allí; tal vez
porque nunca me ceñí a ninguna orden que tuviera que ver con lo ideológico por
encima de lo artístico y lo cultural. Llegó un momento en que no me invitaron
más a las reuniones, creo que fue porque les hice saber que el
trabajo museístico no permite pasar tiempo hablando solamente de política.
Quizás por eso, el gobernador saliente nunca le prestó atención al Museo. Así
que hice lo que pude con lo que había y con un personal que fui inclinando
hacia la gestión que se quería realizar.
9- ¿Cómo calificas
tu paso por el Museo Narváez?
Satisfactorio,
placentero. Aún con todos los altibajos que se puedan dar en una institución
como esa, realmente disfruté lo que hice.
10- ¿Cuál fue la
actividad que más te marcó en la Dirección del Museo?
Me
marcó la exposición de Juanita Reverón, (aparte de unas que se quedaron en el
tintero), pero creo que la actividad más importante fue el trato con los artistas.
Sin duda, eso fue lo más gratificante.
11- ¿Qué cambiarías de esa institución museística?
Muchas cosas. Yo creo que el personal del Museo debe ser un
personal sensible, independientemente de que sean artistas o
no, pero la sensibilidad es indispensable. Es vital que
el personal tenga el compromiso hacia lo
que está haciendo, y eso, lamentablemente, no lo vi en el Museo,
ni siquiera con todo el tiempo que estuve allí tratando de estimular la
conformación de un equipo comprometido. Aun
cuando se logró cierta cohesión en el equipo, puedo decir que la sensibilidad
no se puede inducir. En este caso, los intereses personales
parecían estar por encima de los compromisos institucionales.
En ese orden de ideas, creo que el otro aspecto a cambiar se
referiría a la dotación. Es necesario que el Museo tenga los insumos necesarios
para trabajar como se debe hacer en un museo y eso falló muchísimo. Creo que es
una falla que existe a nivel nacional.
12- Nómbrame tres
personas que formen parte de la generación de relevo en el arte neoespartano.
Tengo
un nombre a flor de piel que es el de Carlos Susana, porque es un artista que
sabe a dónde se dirige con su obra. A su corta edad tiene un proyecto. Es un
investigador y está comprometido con la isla de otra manera, y así está
aflorando en su trabajo plástico. Ojalá llegue a ser el gran artista que yo
creo que potencialmente es.
Otro
chico muy talentoso es Daniel Guerra quien ahora está asumiendo la
responsabilidad docente que dejó su mentor Guillermo Abdala en la Escuela de
Arte Armando Reverón. Él es un chico margariteño que ha entendido que la
investigación y la formación son fundamentales para el desarrollo de la obra. Además
de él, hay otro muchacho que se hace
llamar "Chabalón" quien es un artista diversificado:
pinta, hace ensamblajes, hace videoarte, ha expuesto en Europa y, tal
vez, si logra desligarse de lo ideológico, se le abrirán muchas puertas.
13- En los últimos dos
años se ha generado un fuerte debate sobre la muerte del arte. ¿Tú crees que el
arte ha muerto?
Las
características más elementales, si se puede decir eso, de una obra de arte,
afloran por si solas. Hay mucha gente que está haciendo trabajo de vanguardia y
las opiniones respecto a ellas son muy diversas. Yo considero que en
cada una de ellas puede haber arte y de hecho, lo hay. No voy a
eliminar el arte de un plumazo. Allí hay, además de una manifestación
artística, un proceso de creación que tenemos que respetar.
14- ¿Cómo se activa
tu proceso creativo?
Se
inicia con el silencio; eso es fundamental. El aislamiento es muy importante en
la activación de mi proceso. Eso se activa cuando tengo el tiempo despejado. Si tengo algo urgente, me bloqueo,
por eso creo que el oficio es fundamental y si lo pierdes, la mano o las ideas
se te enfrían.
En mi mente el proceso creativo se renueva
constantemente ya sea en la escritura o en la escultura.
15- ¿Para qué sirve un
premio?
(Risas…) de verdad, para nada. Para Reina Rada es así. A mí me han dado premios y
diplomas que tengo metidos en carpetas. Creo que la gente que ama lo que hace
no necesita premios externos. Lo que uno descubre con el proceso creativo: esos
pequeños momentos gloriosos que son mágicos como pequeños milagros, son los
premios más maravillosos. Por lo menos en lo que a mí respecta, los estudios en
la Reverón, me permitieron conocer el proceso de la creación que, a mi juicio,
tiene más valor que el mismo título.
16- Hay premios que
generan compromiso con el entorno artístico, pero… ¿le permite a un artista
comer?
Si
José Antonio Dávila hubiese esperado el Premio Nacional de Artes Plásticas para
comer, se hubiese muerto de hambre. Se lo dieron a los 80 años. El máximo
premio que se otorga en el país se lo han dado al final de su vida.
17- Si tuvieras la
oportunidad de cambiar la política del premio ¿qué le cambiarías?
Estamos
muy atrasados con relación el compromiso con los artistas y con las
artes del país. Hay países donde es obligatorio que alguien que hace
un hotel o funda una empresa se compromete a comprar una obra de la región.
Creo que así están valorando al artista de la región. La obra del
artista debe estar en los sitios más visitados. Las deficiencias en la
educación y la formación no nos permiten apreciar y conservar las obras de los
artistas. Un ejemplo es nuestro museo vial.
Por
otra parte la conservación de ese patrimonio es una tarea del Museo de Arte,
pero el Museo no tiene partida para adquirir obras, ni siquiera para crear
premios. El museo no tiene partida para las funciones fundamentales de un
museo. No tiene museógrafo, mucho menos un restaurador.
18- ¿Dios tiene
algo que ver con tu trabajo?
Hay
gente que habla de la inspiración; yo creo que eso no existe. Si hay alguna
cosa que me funciona es la meditación y no la hago por creencias religiosas,
sino porque me funciona. Mi problema lo soluciono con el silencio y la
meditación conmigo misma.
19- Si tuvieses mucho
dinero, ¿a quién le comprarías una obra y a quién le montarías un taller de
trabajo y le dirías: Aquí está el espacio, las herramientas y ponte a crear?.
(Largo
silencio…) No tengo obsesiones con comprar obras. Hay un artista
margariteño que admiro muchísimo que es Asdrúbal Marcano (quien fue mi
maestro) y ya tengo una pieza de él. La comercialización del arte está muy
lejos de Reina Rada.
Con
respecto al taller, ahorita tengo un alumno destacado que yo creo que pudiera
tener las condiciones para ello. Cuando a un joven se le da una oportunidad en
un momento histórico tan deprimido como este y tiene el potencial para
convertirse en un artista mañana, vale la pena hacerlo. Más aún si se dedica
a eso a través del oficio, la dedicación y la investigación. Ese
chico se llama Adrián.
20- ¿De qué no
hablarías nunca en una entrevista?
De mi vida íntima.
La ñapa...Reina, échame un cacho margariteño
Cuándo
dices cacho… ¿te refieres a un cuento?
¡Jajajaja! ¡Por
supuesto! Ya dejaste en claro que no hablarías de tu vida íntima. ¡jajajajaja..!
No soy muy cachera. El humor es una cosa muy seria. Tengo
miles en mi cabeza porque yo vivo con un humorista que me hace reír a cada
rato, pero no recuerdo ninguno, así que te debo el cacho.
¡Excelente poder conocer algunos de los pensamientos de quienes están detrás de la obra plástica!
ResponderEliminarMe inspira su sencillez.
ResponderEliminarMe siento altamente agradecida por haber tenido la oportunidad de recibir de esta sabía y cariñosa mujer unas palabras sabias que se convirtieron en un antes y un después.
ResponderEliminarReina bendigo tu camino y se que lo que llega a tus manos se transforma en amor.
Mi admiración y respeto a tu creación y tus enseñanzas.
Que interesante entrevista! Me permitió conocerte como persona,llenándome de satisfacción saber que detrás de esa gran artista hay una persona sencila y sensible y de gran corazón. Un fuerte abrazo
ResponderEliminarExcelente artista y maravilloso ser humano! Un fuerte y cariñoso abrazo, hermana querida.
ResponderEliminarQue entrevista tan íntima!!! no queriendo hablar de intimidades!!! de verdad muy buena, mis respetos Reina un gran abrazo. que bueno Wilson!!!
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