sábado, 8 de diciembre de 2018

FRANK MATA: “Yo me quedo en mi casa trabajando”

Por Wilson Prada
Fotografía:  José Voglar

   La amplitud de la casa es tal que de inmediato refleja el corazón de quienes la habitan, Franklin, Berenice y Delvalle  (además de  Lupita y Murphy, dos mascotas que intentan adoptar al visitante como parte del grupo).  La claridad  que permiten las claraboyas del techo genera una atmósfera  que nos dice de entrada la claridad de respuestas con las que nos encontraremos. Una mirada al espacio nos asombra: aquí cuadros, allá esculturas, aquí cerámicas, allá antigüedades, sillas, sofás; a la izquierda, en la entrada, un taller pensado como futura galería, mientras al fondo, otro taller que ocupa el patio. En el hogar de Franklin Mata todo respira un acto creativo. Todo está  bañado de familia y arte.

           Frank Mata, como lo conoce  la mayoría, metió su mano en la bolsita de las preguntas y comenzó esta tertulia: nació en Porlamar cuando el río de Guaraguao era el  patio de juegos de casi todos los niños de la ciudad. Una ciudad en la que la zona franca se extendía como la hiedra sobre los muros. Esos eran los años en los que “Bacallao” con una olla cargada vendía sopas por la ciudad.


¿Cómo arrancó tu carrera de artista?
En mi juventud pase una temporada en la carrera militar y tal vez eso fue lo que se convirtió en detonante para que yo terminara en las artes plásticas. Un día iba por la Rómulo Gallegos y en el taller de pintura vi a Fabrizia Marianni y a César Rivas dando clases, fue entonces cuando descubrí que eso era lo que me gustaba, así que me dediqué a ir a clases en los talleres de arte libre. Ahí Estudié con maestros como Asdrúbal Marcano, Octavio Russo, Juan García y Pablo Artal, con él tuve una experiencia importante imprimiendo las primeras serigrafías de Juan Loyola, además, tuve la dicha de tener como experiencia, a Alirio Rodríguez en alguna de esas clases flash que daba al venir. Para esa época  acababa de llegar, recién graduada de Estados Unidos, Irene Mendoza. Ella tenía cajas de pasteles Faber Castell y me permitía utilizar su pastel, entonces hizo una experiencia muy hermosa conmigo, ella me permitía pintar la parte de atrás de su cuadros; o sea que la parte de atrás muchos cuadros de Irene Mendoza, están pintados por mí.

La Escuela de Arte en La Asunción era como muy lejos y yo no tenía un ingreso como para trasladarme, así que me dediqué a ser asiduo visitante de la Rómulo Gallegos. En ese tiempo vivimos en la etapa dorada de los talleres. Tendríamos 16 ó 17 años. Éramos muy jóvenes y muy unidos. Allí estaba con Franklin Reyes, Johnny Salazar, Ana Morín, y había uno ya  mayor era el Sr. Denisse Bourne, ese grupo era maravilloso. Uno tenía la necesidad de seguir estudiando y comenzaron a conocernos los de la escuela quienes nos preguntaban: ¿ustedes no tienen un título? Si tú estudiabas en la escuela salías con un título de suficiencia en arte, pero ¿quién dice que tú tienes suficiente conocimiento? y como ya yo tenía el título de bachiller mixto no aceptaba otro. Un buen día me dije: bueno, a mí qué carajo me importa un título, entonces Me dediqué a mi formación y con el tiempo, todos lo que se fueron a la escuela  regresaron al complejo.

¿Nunca te han invitado a ir a dar clases?
! No!, ni que me inviten!

Como ves la docencia en el mundo del arte de hoy
Hay que decir una cosa bien consciente, no todos los artistas son buenos docentes al igual que no todos los docentes son buenos artistas. Si yo me dedicara a dar clases seguro que mi trabajo se iría palo abajo, porque yo tengo que inyectar la otra energía a la docencia; Por eso yo creo que todo el que va a dar clases debería pasar por un pedagógico donde aprenda todos los aspectos metodológicos para la enseñanza.

¿Y la nueva generación?
He visto muchos muchachos de nueva generación que manejan el discurso electrónico perfecto. Yo creo que son buenos poetas, es decir,  cuando tú los escuchas hablar dices ¡Wow! ¡Qué maravilla! Lo que dicen se escucha muy bien, es decir, tienen lo conceptual en la cabeza y en el habla, pero cuando ves la obra te das cuenta que la hechura no sirve, no tiene el soporte de lo que ellos dicen, están muy lejos de lo que comentan desde lo conceptual. Yo no soy alérgico a lo conceptual, pero si soy exigente con la facturación, la hechura, la materialización de la obra.

¿Cómo fue tu primera experiencia expositiva?
Mi primera experiencia fue una exposición que se llamaba “instantánea” en el Museo Francisco Narváez. En esa oportunidad se escogió en el taller a los representantes que iban a estar en esa experiencia en el Museo. A mí me tocó el compromiso  de estar trabajando al lado del maestro Asdrúbal Marcano. Yo siempre echaba el ojo por debajo viendo a esos personajes que el pintaba y me preguntaba ¿Qué  hago yo aquí? Para esa oportunidad me decidí a trabajar con el cartón del puerto libre. Ya en la inauguración, el Maestro me dijo: yo quiero que tú me obsequies esa obra porque, a tu edad y con el poco tiempo que tienes para estar formado, lo que has hecho allí es espectacular.  

¿Qué determinó la temática de tu obra actual?
Siempre en mi obra ha habido algo disfrazado, eso es porque yo siempre protesto desde el punto de vista ecológico y social. El asunto se da porque prácticamente viví siempre en el centro y para mí era preocupante ver tanta basura que sacaban a la calle,  así que empecé a recoger material para reciclar y hacer obra. Mi soporte era el cartón de las cajas de Puerto libre y yo dejaba que se le viera el código, los números, el peso, etc.  Eso me llevó luego a otros materiales que reciclaba. Cuando gané el Salón FONDENE, la obra estaba conformada por un box de una cama y unas telas de saco. Cuando gané ese premio era jovencito, tendría como 19 o 20 años. El salón FONDENE gozaba de todo el prestigio y ahí estaban participando los premios nacionales
Yo vivía cerca del río y él era mi relación directa con los cangrejos, por lo que  en el comienzo de mi trabajo mi primera temática era el cangrejo (que me producía mucho miedo).
Siempre he pintado aquello a lo que le tengo miedo, por ejemplo, yo le tengo pánico a los caballos. Nunca me he montado en caballo vivo, ni me montaría jamás, El caballo comienza aparecer en mi obra porque cuando éramos niños nos llevaban a la fiesta de la Virgen del Valle y allá, frente a la plaza, había un caballo de esos de tomar fotos. Era un caballo horrible, espantoso. Parecía que tuviera sarna El peluche se le iba cayendo y era horrible y uno debía ponerse un sombrero mexicano;  sin embargo, cuando me monté en el caballo, me sentí como un héroe, me  parecía que podía luchar contra el mal. Creo que de ahí viene el caballo en mi obra. Lo he usado como elemento simbólico de lucha, pero de hecho, como no me podía disfrazar de caballo, pensé que debía haber una manera de incorporarle todo ese desecho a él para que hablara de eso. Una vez intenté hacerlo moldeado con resina plástica, pero vi que la basura iba a quedar ahí adentro como asfixiada. ¡No!  Yo quiero que se tenga contacto, que se vea que está hecho con desechos. No quería ocultar nada y por eso, los que busquen perfección en mis caballos, quedarán locos porque no es lo que yo busco.

¿Isla doméstica o isla universal?
Para mí siempre ha sido universal. Yo nunca he pensado como local, el único punto en el que coincido como local es que no puedo pasar más de 3 meses afuera porque me quiero venir. Las experiencias de ir con mi obra a Venecia y ver que no hay tanta diferencia con lo que veo acá me hicieron pensar mucho en permanecer en mi espacio. Es más, veía muchas cosas que yo decía ¡Oye! pero esto se parece tanto a lo que fulano hacía. Lo que pasa es que cuando uno es creador, si no tiene la mente abierta, termina en todo ese abanico de pintar playitas, matas de coco y peñeritos; por el contrario,  si tú tienes el concepto bien abierto, ese peñero sé monta en unas aguas para afuera y puedes gritar. Yo estoy muy claro en eso y pienso que una de las cosas que ha faltado aquí es  que nuestros espacios expositivos sean, no solo para nuestro disfrute, sino  para proyectar el artista hacia afuera.

¿Cómo sobrevivir al mercado del arte en Margarita?
Básicamente, respetándote a ti mismo. Si tú dices no a la prostitución de tu obra, mantienes una obra que goza de prestigio. Yo pudiera hacer caballos todos los días, pero si los de peluche los venden más bonito, yo prefiero vender uno al mes, pero bien vendido, así que voy y tocó puertas, ofertó, en fin, me las inventó. El problema de muchos de los creadores de la isla es que la obra llega  a ser una manualidad.  

Los críticos y curadores: ¿plagas o bendición?
Empecemos por los críticos. A mí me parece que los críticos lo que alimentan es el ego de ellos. Yo he tenido la oportunidad de escuchar críticos que hoy hablan maravillas de un artista en un salón y luego, en otro salón, dicen que no sirve para nada. Nunca los he entendido. Antes iba mucho a los salones y al leer los textos de catálogo y ver las muestras decía: si yo que soy creador no entiendo lo que estoy viendo, ¿qué quedará para el público? Por eso, siempre he dicho que la crítica es como un maquillaje de la posición que quiere escalar el crítico más no el artista. ¡Ojo!, también hay críticos honestos y críticos deshonestos yo conozco personas que son muy buenos como críticos, como Luis Ángel Duque, quien dirigió el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez.

¿Qué crees que hay que cambiar en el sistema de validación del arte? ¿Nueva Esparta tiene su propio sistema?
Bueno ¿qué cambiamos? yo creo que todo. Yo siempre he dicho que a los galeristas y a los críticos, cuando les interesa un artista, así sea malo, lo llevan a la gloria y cuando ya no les sirve lo lanzan para abajo.

Ahora no existen los espacios para la confrontación. Antes el sistema funcionaba, pero ahora no. Los buenos salones de confrontación a nivel nacional ya no se mantienen y los pocos que quedan persisten unidos a la política. Un salón como el Michelena, que era lo máximo, ahora parece clandestino. Uno de los salones maravillosos como el Salón de Arte Aragua, que era un salón en el que tú te olvidabas hasta del premio, pues tenía más importancia la confrontación, ya está totalmente unido a la política. Recuerdo que para esos salones importantes íbamos a participar hasta montados en un camión sin baranda y como las piezas eran muy grandes y no te alcanzaba para mandarlas por encomienda, terminábamos regalándolas a otros amigos artistas en Cumaná

En nuestras visitas a distintas ediciones de salones de arte en la isla se nota tu ausencia.
Yo participé las primeras veces en el Salón Con La Fe y bueno, una vez no participe porque en ese momento me pareció más importante vender la pieza. A partir de allí, el comité que organiza el salón más nunca me invitó. Creo que ahora son muy exigentes al respecto… (risas)

Pero siempre existe el apoyo de las galerías como alternativa.
Galería es aquella que trabaja para proyectar y vender la obra,  no para permanecer esperando que llegue un comprador. Para mí no existen galerías en Margarita. Aquí son sólo tiendas. Un ejemplo de galería de arte seria la que estaba en el Hilton llamada Image Gallery que dirigía Carolina Lehmann y era porque de verdad  funcionaba como tal. En mi caso, me volví gerente de mi obra. Yo prefiero quedarme en mi casa trabajando.

Esa posición te convierte en un artista que muchos ven como encerrado. ¿Cómo ves la forma en que se puede ayudar a otros artistas?
A nosotros el apoyo siempre nos lo dio la empresa privada; el que diga aquí, en Margarita, que no fue apoyado por Rafael Tovar, está pelado. Ese fue el bastión más importante en el apoyo económico o logístico. A los artistas nos apoyaba con autobuses, pasajes para las bienales afuera con boleto de ida y vuelta para que participáramos en los salones; tú podías hacerte la vuelta de salón Aragua  y salón Michelena y, aparte de eso, nosotros nos llevábamos una muestra que la hacíamos itinerante y ya previamente se había cuadrado con el museo de Maracay, con el museo de Valencia; aprovechábamos los autobuses en ese itinerario. Para la exposición de Daniel Velásquez, él ayudó para pagar catálogo, brindis, pedestales y en mi viaje a Venecia, me ayudó comprándome una pieza

Si tuvieses mucho dinero ¿a cuál artista joven le montarías un taller para que trabaje a sus anchas?
A uno que ahora casi no me trata, que no le caigo bien ahora, pero te lo juro que yo le montaría un taller a Daniel Rivas y no lo pensaría dos veces. ¡Wow! ese tipo tiene toda la formación. El día que él llegué, va a quedar muy bien. Él ya debe tener, no sé, entre  25 y 30 años. Él es el artista al que yo, sin dudarlo un segundo, le montaría un taller, pues es el mejor preparado de los artistas jóvenes de la isla.

¿El arte es político?
Creo que la política está en todo dependiendo de cómo tú manejas la política. Para yo salir a vender mi obra, tengo que aplicar una política desde el punto de vista de gerencia, no de partido político.

¿Cuál es tu mayor temor como artista?
Ninguno. De verdad, ninguno. ¿Tú sabes porque no tengo miedo? porque yo creo en mí mismo y soy muy positivo. Dentro de todo lo que se está derrumbando yo estoy construyendo por otro lado

¿Dios tiene que ver con tu trabajo creativo?
Yo creo que hay una fuerza bien grande que mueve todo esto. Tú la puedes llamar paleta de helado, piedra de moler. Lo que tú quieras. El nombre se lo pones como tú quieras. Con el tiempo he creído  que somos nosotros mismos la fuerza. Tú mismo eres una carga energética. Creo que una de las partes de que te sientas cómodo en lo que haces en todo eso es creer en ti mismo.

Nombra tres autores regionales que consideres relevantes
 Si hay alguien que yo he considerado relevante, no por la producción de la obra, sino por haber exaltado a lo máximo el paisaje margariteño, es Vásquez Brito. A mí me parece que nosotros deberíamos tener, desde el Aeropuerto hasta Porlamar, un gran mural  de Vásquez Brito, para que nunca se nos olvide el paisaje margariteño. Otro pudiera ser Omar Carreño, él me parece un artista completo; el otro sería Narváez. Aunque Narváez nunca me llamó la atención fuertemente su obra, he logrado entender su trascendencia, pero siempre me quedo con Vásquez Brito

¿De qué no hablarías tú jamás en una entrevista?
Mira, no hablaría del egoísmo, de la viveza.  Si alguien me lo pregunta, yo le digo no hablo de eso. Creo que soy muy transparente. Soy muy peleón pero por cosas justas, así que de eso no hablaremos hoy.

Cuéntame un Cacho margariteño
Yo siempre cuento son anécdotas, yo soy muy malo para los Cachos

Tu familia

Mi infancia fue fabulosamente increíble. De verdad fue maravillosa. Mi madre fue muy peleona, tanto que nosotros más bien pensamos que era nuestro papá. Hay un personaje del que yo siempre hablo y es mi tío Eugenio “Geño” Mata, quien fue el que manejó el ferry de Coche. Él nos montaba en el barco y nos paseaba en la noche por la costa de Coche mientras cantaba malagueñas... Mi esposa, la mejor compañera y mi hija es la mejor escultura que he hecho, y de paso habla. Jajaja.




martes, 16 de octubre de 2018

Reina Rada (en su tinta)

Por Wilson Prada

Reina Rada  (fotografía de José Voglar)



Reina esperaba plácidamente en el espacio creativo de los Voglar-Briceño. Vestía serenidad desde los ojos. Atuendo oscuro, ideas claras y un empuje contagioso. Siempre medida en sus palabras como quien ha pasado un rato largo ante la fijeza escrutadora de la mirada ajena. Natural de Naiguatá, crecida en Caraballeda y anclada en Porlamar como artista plástico egresada de la Cristóbal Rojas, Docente y Escritora hace más de cuatro décadas. 
Con el tiempo, todos los miembros de la familia vinieron a la isla tras la joven de casa, quien  no deja de recordar olores y sonidos. De su padre, rememora el olor a trementina y óleo en su taller de pintura, en el que la música era una constante en su ejecución como autodidacta. De su madre, el olor del campo y la pastelería, unido al sonido del canto que disfrutaba como yunta con su esposo.


El amor trajo a Reina Rada por obligación a la Escuela de Arte Pedro Ángel González en La Asunción y, desde el 1990, trabaja en el área docente.



Al rato, después del café, iniciamos con la parte más fácil del asunto: veinte preguntas escogidas al azar desde un banco de más de cien de ellas, determinaron el guión de la entrevista  que se extendió entre risas y anécdotas fuera de grabación. 



1- ¿Cómo sugieres la isla?

La isla es un espacio mágico y ello se sugiere en la obra, esa que,  en parte, está para ser tocada. En mi obra la sugiero a través de las texturas, las formas sinuosas de la montaña así como lo urbano en el paisaje. En ello hay mucha  motivación para sentirla.  El paisaje marino es lo que más se ve, pero yo trabajo la montaña y me preocupa la destrucción del ambiente. Todo eso está plasmado en mi obra como algo sugerido.



2- ¿En algún momento te has cansado de ver elementos y temáticas muy repetidos de algunas autores en sus obras?

 Bueno. Uno se fastidia de cosas que no tienen contenido. Cuando yo consigo ese contenido en la obra  ya no voy a ver esos elementos, sino lo que contiene ese elemento, en conjunto con todo lo demás y con el discurso que el artista quiera aportar.



3- ¿Existe algo que tenga al arte margariteño anclado con respecto al arte universal?

Mira yo difiero de ti en ese aspecto. Yo creo que aquí o en cualquier lugar del planeta, existe quien se ancla y también existe la gente que se sale de esos parámetros, de esa tradición. En los jóvenes, (acoto que no serán todos porque el arte no es para todos, sino para quien tenga la dedicación, el oficio y la necesidad de investigar)  he visto que está despertando una curiosidad por eso que tú estás planteando, de ver  las temáticas cotidianas desde otro punto de vista.  Hay gente que está tratando de sugerir y hacer arte con elementos distintos a los tradicionales. Ven el mar desde abajo, ven el pez desde adentro. Yo creo que hay una intención de mirar y sugerir la isla de otra manera; lo que hay es que revisar el discurso de lo que se está haciendo en este momento desde el arte digital y desde  nuevas formas de crear.



4- Hay mucha gente que tiene propuestas maravillosas; sin embargo, el sistema como ente de “validación” desde la crítica y la curaduría no los deja emerger.  ¿Tú crees en la validación  independientemente de los roces con el sistema?

 Estamos cayendo en un terreno un poquito álgido. En un universo de 150 piezas que ves en una confrontación, hay diez que se pueden extraer como las que están a la vanguardia. Si el sistema, como tú dices, se encargara de resaltar a esos 10, tal vez  pudieran llegar a los museos o como tú planteas, estarían  en  París o en Nueva York. Esa es la dinámica del arte. El arte a nivel mundial se mueve así. Hay gente que dice que hay que tener suerte; yo digo que hay que aprovechar las oportunidades, pero hay un caso. (En la provincia, se ve mucho y, sea como sea, estamos en una provincia). El caso es  que  se van creando vicios que van socavando la esencia del arte. Yo trabajo en una escuela de arte creada para formar la primera parte de quien, en un futuro,  sería un artista, pero son los mismos docentes (no todos, pero sí la mayoría) quienes, cuando ven a un alumno destacado, lo magnifican e idealizan de una manera que lo destruye. Esa persona, ya se cree con el derecho de llamarse artista, de promocionarse como tal y, él mismo, se encapsula. Más bien creo que el artista como en cualquier profesión, tiene que ser un investigador, no solamente de su trabajo plástico, sino del arte universal.



5- Y, en Margarita, ¿quién pone freno a ese encapsulamiento?, ¿quién le dice a un artista, en formación, que aún no llega a concatenar un discurso?

No se lo dice nadie. El freno lo debe poner el sistema y es en los recintos educativos donde eso se debería hacer. Aquí tenemos uno de eso casos  y es UNEARTE: un núcleo que nada tiene que ver con escuelas como en las que yo estudié, y eso es por muchas razones que tienen que ver con la provincia, no hay suficiente personal calificado para la formación que permita activar el freno. Para eso se necesita un espacio, unos equipos, unos materiales y un talento humano que es fundamental para la formación.



6- ¿No se necesitaría romper un poco el cerco ideológico en esas instituciones?

Sí, hay muchas cosas que arreglar y en ese sentido estamos en la prehistoria. No te lo voy a negar, porque se ha  ponderado la ideología y se ha desvirtuado la esencia del arte.



7- ¿No crees que el artista deba tener un compromiso social o un compromiso político con su momento histórico?

Mira, el arte comprometido ha existido y existirá siempre.  La gente se compromete con lo que quiere. A mi juicio, eso no tiene que ver con la calidad de lo que haga el artista, quien debe tener criterio propio. El estudiante debe desarrollar su propio criterio por el que hace las cosas y eso solamente lo da la educación. Es ella la que nos libera de todo aquello  que podamos sentir que nos oprime. Lo único que nos hace libres es la educación y la formación.



8- ¿Alguna vez en el Museo Narváez sentiste que algo te contenía? ¿Percibiste algo que no te dejaba cumplir tu sueño? 

Hubo intentos. Lo presupuestario lo dejaría en último lugar. Lo hice porque me gustó el trabajo. No te voy a negar que sintiera las presiones y, en algún momento, un rechazo hacia mi persona de parte de quienes me pusieron allí; tal vez porque nunca me ceñí a ninguna orden que tuviera que ver con lo ideológico por encima de lo artístico y lo cultural. Llegó un momento en que no me invitaron más a las reuniones, creo que fue  porque les hice saber que el trabajo museístico no permite pasar tiempo hablando solamente de política. Quizás por eso, el gobernador saliente nunca le prestó atención al Museo. Así que hice lo que pude con lo que había y con un personal que fui inclinando hacia la gestión que se quería realizar. 



9-  ¿Cómo calificas tu paso por el Museo Narváez?

Satisfactorio, placentero. Aún con todos los altibajos que se puedan dar en una institución como esa, realmente disfruté lo que hice.



10-  ¿Cuál fue la actividad que más te marcó en la Dirección del Museo?

Me marcó la exposición de Juanita Reverón, (aparte de unas que se quedaron en el tintero), pero creo que la actividad más importante fue el trato con los artistas. Sin duda, eso fue lo más gratificante.



11- ¿Qué cambiarías de esa institución museística?

Muchas cosas. Yo creo que el personal del Museo debe ser un personal sensible, independientemente de que sean artistas o no,  pero  la sensibilidad es indispensable. Es vital que el personal tenga el compromiso hacia lo que está haciendo, y eso, lamentablemente, no lo vi en el Museo, ni siquiera con todo el tiempo que estuve allí tratando de estimular la conformación de un equipo comprometido. Aun cuando se logró cierta cohesión en el equipo, puedo decir que la sensibilidad no se puede inducir. En este caso, los intereses personales parecían  estar por encima de los compromisos institucionales.


En ese orden de ideas, creo que el otro aspecto a cambiar se referiría a la dotación. Es necesario que el Museo tenga los insumos necesarios para trabajar como se debe hacer en un museo y eso falló muchísimo. Creo que es una falla que existe a nivel nacional.



12- Nómbrame tres personas que formen parte de la generación de relevo en el arte neoespartano.

Tengo un nombre a flor de piel que es el de Carlos Susana, porque es un artista que sabe a dónde se dirige con su obra. A su corta edad tiene un proyecto. Es un investigador y está comprometido con la isla de otra manera, y así está aflorando en su trabajo plástico. Ojalá llegue a ser el gran artista que yo creo que potencialmente es.


Otro chico muy talentoso es Daniel Guerra quien ahora está asumiendo la responsabilidad docente que dejó su mentor Guillermo Abdala en la Escuela de Arte Armando Reverón. Él es un chico margariteño que ha entendido que la investigación y la formación son fundamentales para el desarrollo de la obra. Además de él, hay otro  muchacho que se hace llamar  "Chabalón" quien es un artista diversificado: pinta, hace ensamblajes, hace videoarte,  ha expuesto en Europa y, tal vez, si logra desligarse de lo ideológico, se le abrirán muchas puertas.



13- En los últimos dos años se ha generado un fuerte debate sobre la muerte del arte. ¿Tú crees que el arte ha muerto?

Las características más elementales, si se puede decir eso, de una obra de arte, afloran por si solas. Hay mucha gente que está haciendo trabajo de vanguardia y las opiniones respecto a ellas son muy diversas.  Yo considero que en cada una de ellas puede haber arte y de hecho, lo hay.  No voy a eliminar el arte de un plumazo. Allí hay, además de una manifestación artística, un proceso de creación que tenemos que respetar.



14-  ¿Cómo se activa tu proceso creativo?

Se inicia con el silencio; eso es fundamental. El aislamiento es muy importante en la activación de mi proceso. Eso se activa cuando tengo el tiempo despejado. Si tengo algo urgente, me bloqueo, por eso creo que el oficio es fundamental y si lo pierdes, la mano o las ideas se te enfrían.

 En mi mente el proceso creativo se renueva constantemente ya sea en la escritura o en la escultura.



15- ¿Para qué sirve un premio?

(Risas…) de verdad, para nada. Para Reina Rada es así. A mí me han dado premios y diplomas que tengo metidos en carpetas. Creo que la gente que ama lo que hace no necesita premios externos. Lo que uno descubre con el proceso creativo: esos pequeños momentos gloriosos que son mágicos como pequeños milagros, son los premios más maravillosos. Por lo menos en lo que a mí respecta, los estudios en la Reverón, me permitieron conocer el proceso de la creación que, a mi juicio, tiene más valor que el mismo título.



16- Hay premios que generan compromiso con el entorno artístico, pero… ¿le permite a un artista comer?

Si José Antonio Dávila hubiese esperado el Premio Nacional de Artes Plásticas para comer, se hubiese muerto de hambre. Se lo dieron a los 80 años. El máximo premio que se otorga en el país se lo han dado al final de su vida.



17-  Si tuvieras la oportunidad de cambiar la política del premio ¿qué le cambiarías?

Estamos muy atrasados con relación  el compromiso con los artistas y con las artes del país. Hay países donde es obligatorio que alguien que hace un hotel o funda una empresa se compromete a comprar una obra de la región. Creo que así están valorando al artista de la región.  La obra del artista debe estar en los sitios más visitados. Las deficiencias en la educación y la formación no nos permiten apreciar y conservar las obras de los artistas. Un ejemplo es nuestro museo vial.


Por otra parte la conservación de ese patrimonio es una tarea del Museo de Arte, pero el Museo no tiene partida para adquirir obras, ni siquiera para crear premios. El museo no tiene partida para las funciones fundamentales de un museo. No tiene museógrafo, mucho menos un restaurador. 



18-  ¿Dios tiene algo que ver con tu trabajo?

Hay gente que habla de la inspiración; yo creo que eso no existe. Si hay alguna cosa que me funciona es la meditación y no la hago por creencias religiosas, sino porque me funciona. Mi problema lo soluciono con el silencio y la meditación conmigo misma.



19- Si tuvieses mucho dinero, ¿a quién le comprarías una obra y a quién le montarías un taller de trabajo y le dirías: Aquí está el espacio, las herramientas y ponte a crear?.

(Largo silencio…)  No tengo obsesiones con comprar obras. Hay un artista margariteño que admiro muchísimo que es Asdrúbal Marcano (quien fue mi maestro) y ya tengo una pieza de él. La comercialización del arte está muy lejos de Reina Rada.


Con respecto al taller, ahorita tengo un alumno destacado que yo creo que pudiera tener las condiciones para ello. Cuando a un joven se le da una oportunidad en un momento histórico tan deprimido como este y tiene el potencial para convertirse en un artista mañana, vale la pena hacerlo. Más aún si se dedica a eso a través del oficio, la dedicación y la investigación. Ese chico se llama Adrián. 



20-  ¿De qué no hablarías nunca en una entrevista?

De mi vida íntima.



La ñapa...Reina, échame un cacho margariteño

Cuándo dices cacho… ¿te refieres a un cuento?



¡Jajajaja! ¡Por supuesto! Ya dejaste en claro que no hablarías de tu vida íntima. ¡jajajajaja..!

No soy muy cachera. El humor es una cosa muy seria. Tengo miles en mi cabeza porque yo vivo con un humorista que me hace reír a cada rato, pero no recuerdo ninguno, así que te debo el cacho.



lunes, 26 de febrero de 2018

LA MÚSICA ES LA VOZ DE PROYECTO GRATITUD


Proyecto Gratitud


La dinámica cultural en la ciudad de Juan Griego ha encontrado nuevas rutas y nuevos enfoques en los últimos meses. Podemos afirmarlo gracias a la programación que el Complejo Cultural Francisco Larez Granado ofrece a la comunidad. Estos cambios, nos permitieron el pasado viernes 23 de febrero una noche de buena música. En ella, disfrutamos de la presentación del “Proyecto Gratitud”: una unión de talento musical surgido desde la Iglesia Cristiana hacia la música universal y que, desde hace dos años, se ha presentado en la región central del país.


Joseph Mendoza

Pablo Ágreda en la Dirección 


La agrupación está conformada por jóvenes músicos provenientes de los estados Vargas,  Delta Amacuro, Nueva Esparta, así como de la región capital; ellos son: César Villarroel en la batería, Joseph Mendoza ejecutando bajo y contrabajo, María Beatriz Occeas como voz principal, quienes en esta oportunidad se presentaron  apoyados en invitados como Sergio “gato” Gallardo en la percusión, Manuel Tabasca en la trompeta, Abrahám Hernández en la guitarra, Lucienne Sanabria y Luber Pulvar en las voces, completando el engranaje de la agrupación, siempre bajo la dirección de Pablo Ágreda en el piano y los teclados. Este último, es quien logró consolidar esta maravillosa agrupación que brindó a los asistentes 90 minutos de buena música. Todo, a partir de una idea que nació con la unión de quienes, a lo largo del tiempo, mantuvieron por vía presencial y virtual “Amistades a tempo lento” nombre original  del concierto que ha servido para rendir tributo a su fe. 


Maria Beatriz Occea

Lucien Sanabria 

Sergio "Gato" Gallardo

Luver Pulvar


            El evento contó con la coordinación y asistencia de Joselyn Ramírez, Carla Viscuña,  Marísther Camero, Adelina Barreto, Patricia Coll y Judith Rengel.

La asistencia y la buena atención institucional nos confirman que se va en la dirección correcta y que siempre vale la pena el esfuerzo por consolidar los espacios culturales.

Wilson Prada


Amistades a tempo lento



lunes, 7 de agosto de 2017

VII EXPOSICION COLECTIVA DE ARTE CON LA FE EN NUEVA ESPARTA


“Esta Venezuela siempre estará presente para dar testimonio de cultura”
Marco Miliani

I
          La sala permanente del Maestro Narváez del Museo de Arte Contemporáneo que lleva su nombre sirvió de espacio para una buena parte de la muestra Con La Fe en la que 48 artistas, seleccionados por un jurado de admisión y calificación, se reparten en dos salas, dos lecturas en las que se hace evidente la fuerza expresiva de los invitados y los homenajeados cuyas obras ya escogidas, en algunos casos por los mismos artistas como Gaudy Esté, Ángel Hurtado Gilberto Bejarano, Joaquín Latorraca, Marco Miliani,  Carlos Medina e Inca Zabala  y en otros (dada su ausencia física) como en el caso de Gladys Meneses  o Andrés Salazar, de colecciones previamente curadas, se intercalan con autores admitidos como Oscar Zañartu, Theo Mora, Cruz Acosta, Armando Hernández, Darlin Peña, Carlos Cazorla, Humberto Salas, entre otros.
Carlos Cazorla, "Cuarto creciente", (2017)
Mención de Honor
       En esta edición, el nivel  de las propuestas se muestra bastante alto con respecto a ediciones anteriores lo que deja ver la importancia de un jurado de admisión que, estando constituido en esta oportunidad por el Maestro Marco Miliani, Élida Salazar y Carolina Lehmann, permitió la ampliación de los límites o fronteras que hasta ahora hacían de esta muestra una convocatoria un poco más local.  Pues sí, es un gran acierto, no solo desde las decisiones del jurado, (a pesar de algunas obras ubicadas en la sala anexa que no hacen mayores aportes al salón), sino además, por el trabajo museográfico que recae en Alejandro Hernández y el resto del equipo del Museo que permite una lectura fluida de una sala emergente, aún más si tomamos en cuenta que nos habíamos acostumbrado a la amplitud de la sala principal, no disponible en esta ocasión.
Armando Hernández,  "El pez Guaraliao" (2017)
Mención de Honor
          Es importante resaltar el papel de la escultura en este salón en la que tanto Luis Prada como Carlos Cazorla y Armando Hernández se alzaron con los galardones. Eso demuestra el gran peso que tiene esta disciplina en el oriente del país si tomamos en cuenta a otros escultores participantes como Inca Zabala, Ligia Acuña, Oswaldo Gutiérrez, Reina Rada, Luis Malavé, entre otros. Así mismo, la fotografía se ve muy bien representada y marca una gran distancia con ediciones anteriores a través de los trabajos de José Voglar, Victor Guido y Maribel Briceño. También debemos hacer notar la positiva diferencia con lo expuesto en la  Muestra del  día Nacional del Artista Plástico en Homenaje Pedro Ángel González por Juan Silva y  Jonny Salazar (quien también se hizo merecedor de una mención de honor en esta edición), Santiago Cabruja y Yamileth Luiggi. (Vale la pena observar para efectos de documentación que la obra de Luiggi al igual que la de Nicomedes Zuloaga presentan una gran diferencia en la imagen del catálogo con respecto a la obra real en la sala).
          
Luis Prada, "Al Acecho" (2017)
Ganador del Premio
Luis Prada tiene bien merecida su bolsa de trabajo. Su obra, de excelente factura, permite interactuar con ella y, aun en distintas formas en las que podemos manipularla  se mantiene la fuerza que expresa y la violencia implícita en los dos cuerpos de la obra. No deja de ser interesante que esta bolsa haya salido de la isla hasta la ciudad de Lechería, en el estado Anzoátegui. Eso también es un punto a favor para un salón que se está convirtiendo en la referencia de las confrontaciones artísticas más importantes del oriente del país, ante la ausencia de la Bienal de Guayana, desaparecida en 2003, la Bienal de Puerto La Cruz, extinta en 2007, así como la Bienal de PDVSA Oriente y la Bienal de Cumaná, ambas desaparecidas en acción en 2013, la fugaz presencia del salón de arte de Cumana 500 años, en 2015. Ese espacio de difusión y validación (dentro de lo subjetivo del término) puede y debería ser colonizado por el Salón Con La Fe que ha demostrado ser una actividad de sinergia entre el sector público y privado, a pesar de su carácter invitacional (carácter que parece hasta cierto punto limitante al servir de selección primaria).
Jonny Salazar, "Homenaje al infinito" (2017)
Mención de Honor 
    En este orden de ideas pudiéramos decir que definitivamente, para trascender hacia esos niveles, se deben problematizar esas ausencias en la región de una manera telúrica: un sismo que tiene el epicentro en la labor curatorial que, lejos de ser una actividad coordinadora de muestras, se enfoque en interrogar el momento histórico y estético apuntando siempre a estremecer el sistema para decantar el producto de los distintos procesos creativos, a través de las rupturas, hibridaciones y desplazamientos de las distintas disciplinas del arte. Ese es el rol de un curador comprometido, ese que ve más allá de los amigos y los pedestales para fijar su interés en las propuestas.
      Definitivamente el salón Con La Fe evoluciona a un paso envidiable, aun en la complejidad de la crisis institucional en la que como país estamos sumidos.

II
          La producción acelerada no es buena consejera, aun en este contexto histórico  de gran fluidez en la  interacción autor-espectador en el marco de lo medial, por lo que se hace necesario el espacio y el tiempo para la reflexión y la decantación. Entre quienes trabajan en este campo de la hibridación y la transdisciplinariedad está Carlos Susana quien, en esta oportunidad, parece haber dado cierto margen  de descanso a la exigencia que caracterizaba sus últimas e interesantes propuestas; pienso, en el caso de “ojos de peñero, 2014” en particular, que el exceso de riesgo en el acabado y construcción de una pieza puede generar algo de ruido en su lectura, más aún si esta pertenece a etapas ya superadas con creces por este joven artista, recientemente galardonado con el Premio Regional de Artes Visuales 2017. Por otra parte Malú Valerio se nos presenta bastante distinta en su propuesta que definitivamente no parece representativo de su trabajo, el cual hemos visto mejor representado en otros espacios públicos y privados.
          Alba Lipsky recurre a la movilidad del soporte como elemento de captación del interés del espectador pero, a mi juicio, debe profundizar más en las posibilidades de lectura de su propuesta desde su ejecución. En su caso, la obra parece hacer más énfasis  en el cómo leerla que en el mensaje de la misma.


III
         Finalmente, extrañamos (por hablar solo de los que habitan la región) la  presencia de autores como Humberto Cazorla, Bera Bauza, Adolfo Golindano,  Eder luna, Frank Mata,  Cristóbal Carcone, Cecilio Guerra,  Daniel Velásquez,  Alejandro Sayegh, Ricardo Duarte, Daniel Ancheta, Elena Fernández, Roberto Ramos “Monagas”, entre otros creadores de la región, quienes, tal vez por decisión del jurado o por no ser invitados, no estuvieron presentes, lo que refuerza la idea de  que el primer filtro  invitacional,  a nuestro juicio, lejos de aportar más bien resta propuestas interesantes.
                                                                                               
                                                                                                                     @wilsonprada




FRANK MATA: “Yo me quedo en mi casa trabajando”

Por Wilson Prada Fotografía:  José Voglar    La amplitud de la casa es tal que de inmediato refleja el corazón de quienes la habitan,...